Buenos días amigas y amigos de Las Ondas del Vino

Música: Villancicos flamencos 2019 – Raya Real 

       INVIERNO EN UTIEL

Marga, Marga, despierta, ven, vamos a ver algo desde el balcón.

Yo medio abría los ojos y remoloneaba. 

─No sabes cuánta nieve hay.

Entonces sí; daba un salto y pitando me iba a mirar a través de los cristales del balcón.

Vivíamos en la calle de Reyes Católicos, en un primer piso. Un poquitín a la izquierda de la casa,‹ un cable de la luz atravesaba la calle. Era lo primero que miraba, porque en esos días de nieve era como un gran cilindro de algodón.

─¡Cuánta nieve, cómo está el cable!

─Ha nevado sin parar toda la noche ─decía mi madre. Y añadía después algo que yo esperaba como cierto: ‹‹Hoy no vas al colegio››.

En ese momento ya estaba bien abrigada con el batín casero que ella había confeccionado, de tela de las que ‹‹no atraviesa un puñal››  (expresión muy suya, para indicar que aquello era gran confort). Lo era, y nunca tuve otro igual.

   La calle estaba blanca, inmaculada, porque aún era pronto y en aquellos tiempos no había coches apenas. Casi nadie había salido; más tarde lo harían. La Cuesta de San Juan, desde el pavimento a los tejados, era como la calle de un belén y, enfrente, sobresaliendo, la torre de la Iglesia, blanca también.

   La estufa de bolos ya funcionaba a toda máquina,  y el vaso de leche calentito con las magdalenas caseras hubiera hecho resucitar a un muerto. Después de desayunar había que disfrutar de la nieve: Subíamos hasta el terrado y todo Utiel ante nuestros ojos resplandecía. Bien arropados con el abrigo y bufanda tejida a mano, y con varias vueltas al cuello y cara, que a los niños solo se nos veían los ojos,   allí nos tirábamos bolas de nieve y mirábamos los cuatro puntos cardinales del pueblo: El ‹‹belén de Utiel››. Abajo, en casa, también había terraza y seguíamos jugando, casi hasta la hora de comer.

   De vez en cuando, te volvías a asomar al balcón y ya había pisadas en la calle. Quizá volvía a nevar. Las mujeres mayores llevaban mantón y los hombres bien calada la gorra. Los críos hacían muñecos, como toda la vida.

  Algunos quitaban con una pala la nieve de la puerta y es que para ellos era preciso salir. Pero no para todos. Las casas estaban bien provistas: las alhacenas tenían botes de conserva de tomate: ¡qué rico con aceite de oliva de la cooperativa!, y casi todos hacían matanza y tenían en la cámara los embutidos y buenos perniles, así como patatas y otras provisiones.

    No era nuestro caso, pero no sé cómo se las arreglaba mi madre, que, previamente, había ido a casa de Argente y a la panadería de Milagrín y Ángel Ibáñez y otras tiendas del pueblo y a la hora de comer allí estaba la sopa bien caliente, que daba ánimos para la tarde.

    La tarde: Eso era otra cosa… Era para hacer deberes, leer cuentos y, sobre todo, para que ella nos recitara poesías, lo que más le gustaba en este mundo. Sentados sobre la mesa, mi hermano y yo, con las piernas colgando, escuchábamos sin pestañear, a Núñez de Arce, Campoamor,  y ¡cómo no! la canción del pirata de Espronceda. Con el paso del tiempo llegaría El Tenorio y las Rimas de Gustavo Adolfo. Lo llevaba en la sangre y gozaba recitando. Y nosotros escuchando esas asombrosas historias en forma de verso. 

   Y el parchís y también el ajedrez al final de los finales de la tarde, cuando mi padre terminaba el trabajo. El frío acompañaba a las veladas. Al fondo ‹‹Aquí Radio Utiel, la voz de la Castilla Valenciana››.

  Con frecuencia, aunque con mucho frío, al día siguiente ya no nevaba y había que volver al colegio y las mujeres a comprar y los hombres al campo. Con las bufandas caseras, los jerséis jaspeados, confeccionados con lana   de otros dos, que previamente se deshicieron y se ovillaron juntos; mejor, más calorcito.

    Y los domingos a misa, por la tarde al Florida o al Rambal a ver una peli y cuando fuimos adolescentes, al Cebo: Los chicos en una dirección y las chicas en otra y ojo avizor a ver si ‹‹ella se ponía en el centro o en la orilla››.  Aunque hiciera frío. Pero esto queda para otro relato.

 Y no recuerdo haberme comido nunca una perdiz. Lo que sí recuerdo es que aquellos inviernos eran muy felices.

   Margarita Martínez Marzá

   Valencia, 7/ Diciembre / 2019

 

Sirva este precioso relato, como un cuento de Navidad como homenaje a la citada festividad, a Utiel, sus gentes, su historia, y su Radio, Radio Utiel.

Gracias Margarita. Una delicia…

Es miércoles, en una lluviosa pero cicatera, mercantil mañana de mercado, desde el 107.7 de la FM en Radio Utiel, a través de internet en radioutiel.es y hoy también salimos por FB. Al control Javi Villar y con vds. aquí para entrar en sus vidas josé alfonso sierra salinas, que les da un fuerte abrazo.

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Dimos lectura a la Nota de Prensa de la DO U/R en la que nos dijeron que habían recolectado 212 millones de kilos de uva sin especificar.

Hablamos de los 9 mejores cavas hechos fuera de Cataluña.

Hablamos del crecimiento que el vino ha dado en este último año como crecimiento ha sido de más del 7 %

Nace Beerdejo la única cerveza con un 30% de mosto de uva Verdejo en Segovia.

Hasta la semana que viene amigos.